V. LOS TROFEOS

La batalla librada en el Reino de la Tormenta la semana pasada provocó en Raúl un profundo y amargo desasosiego. El pequeño se sentía incómodo incluso con los quehaceres cotidianos más sencillos, y los rechazaba sin miramientos con un dejo de desobediencia y pereza. Sin perderlo de vista, su madre y su padre asimilaban esa desazón haciendo gala de una extraordinaria paciencia, curtida con años y años de curar las heridas que los devastadores rayos imprimen en su hijo. En esa ocasión, para llamar la atención del joven guerrero y sacarlo de su desconcierto, la familia se centró en los preparativos del cumpleaños de su tío Abel, encomendándole a Raúl la elaboración de la tarjeta de felicitación. De esta forma, con su nuevo cometido entre manos, el héroe comenzó a escribir el nombre del homenajeado. Mientras tanto, no muy lejos, unos oscuros ojos observaban al chico. Paciente, oculto en las sombras, el dueño de los truenos y los rayos esperaba algo. Algo sumamente importante para él.

Según recogen los pergaminos, con el paso de los siglos y la presión de su amargura, el rey Tronan adquirió la costumbre de coleccionar trofeos de guerra. Los tenía de todos los tipos, tamaños y formas, y los exhibía en las almenas de su castillo para que sus súbditos y súbditas los memorizaran, los juglares les pusieran música, y los escribanos dieran buena fe de la avaricia del monarca. Sin embargo, lo que había comenzado como una estrategia para desmoralizar a los cazadores de tormentas, había acabado por convertirse en una obsesión.

Ilustración de Matías Zabalegui.

Ilustración de Matías Zabalegui.

Y es precisamente esta obcecación la que lo llevaba a espiar a Raúl día y noche, después de cada ataque, con la esperanza de descubrir otra herida en el muchacho, otro paso atrás en su desarrollo, una nueva señal de su debilidad. Porque los trofeos que motivan a Tronan no son copas ni medallas. Ni siquiera tesoros o ciudades. Son mucho más que eso: son pedazos de esencia de los guerreros y de las guerreras, partes de sí mismos que el rey del Reino de la Tormenta codicia con ansia incontenida, y por las que estaría dispuesto a todo.

Por eso, cada vez que uno de los cazadores o una de las cazadoras pierde fuerza en un músculo, extravía su capacidad de hablar, o traspapela su concentración y su entendimiento, el enemigo atrapa esas pérdidas y las enjaula entre gruesos y fríos barrotes para inmovilizarlas, darles forma, y materializarlas por medio de antiguos y secretos conjuros. Solo de esta manera, haciéndolas visibles para darles apariencia y significado, puede exponerlas en las almenas del castillo, cada una con su aspecto y color, perfectamente diferenciadas, datadas y etiquetadas: una escoliosis es una serpiente de cristal rojo, la falta de comprensión es un triángulo de mármol negro, unos ojos apagados son dos bolas esculpidas en barro, un suspiro por agotamiento es una columna de madera, una palabra olvidada es una estrella de hierro…

Esta vez, lo que Tronan esperaba que se desprendiera de Raúl era otra parte más de su aprendizaje. Estaba tan seguro de que lo iba a conseguir, que en su interior ya celebraba la victoria. No se volvería a su castillo sin una estrella de hierro más. Le bastaba ver al joven intentando escribir el nombre de su tío para saber que pronto se llevaría otro trofeo. Y es que al chico la E de Abel se le resistía. Por mucho que su madre le dijera que esa letra ya la había aprendido a escribir y que debía hacer un esfuerzo por recordar cómo lo hacía, no había manera. Las secuelas de la última batalla contra los rayos parecían indelebles, sin vuelta atrás. Sin embargo, de repente, ocurrió algo fantástico. Su madre se acordó de las fichas con las que Raúl aprendió a hacer las vocales y corrió a por ellas. “Mira, ¿te acuerdas ahora?”, le preguntó. Y, así, sin más, sin apenas esfuerzo, el cazador de tormentas escribió una E perfecta. En esta ocasión, Tronan no se llevaría ningún premio a su madriguera.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s